Cómo sobrevivir a la crisis

“El tema del momento es la crisis, pero es un tema recurrente en la humanidad. ¿Cómo podemos llevar mejor nuestras crisis?”
Todos sabemos que pasamos por una crisis mundial. Y ¿qué me importa? ¿Qué una persona como yo, sin ningún poder sobre la economía, que no influye en  grandes decisiones políticas, que no puede hacer nada para cambiar lo que sucede, tiene que ver con la crisis?
Para contestar la pregunta hagamos un rápido repaso del concepto “crisis”. Empecemos por su etimología: la palabra es derivada del griego crisis, que significa “decisión”. Al entender su origen ya nos damos cuenta que está relacionada con nosotros, pues, salvo los que no quieren dominar su propio destino, no existe nadie que no tenga que tomar decisiones en la vida. Además de eso, debemos entender que una crisis surge, por, al menos, tres factores: por una situación inesperada, por un hecho provocado o por una circunstancia natural.
Aunque pudieran ser evitadas con un ejercicio de previsión, situaciones inesperadas ocurren. Pero una crisis puede instalarse en nuestra vida de repente, provocada por fuerzas fuera de nuestro control. Que arroje la primera piedra el que nunca haya vivido una crisis financiera, profesional, emocional o de salud. Y que levante la mano el que no se rebeló mientras vivía la crisis y se sintió mejor después de ella. La crisis nos lo exige todo, libera fuerzas que estaban adormecidas y nos perfecciona inmensamente. Una crisis puede transformarnos en una persona mejor, créeme. Por cierto, no serás juzgado por las crisis que tuviste – pues son esperadas – sino por lo que hiciste con ellas.
 
Crisis inesperadas
 
Mi padre se fue a la quiebra cuando yo estaba en la adolescencia, una edad llena de dudas y aburrimientos. El mundo seguro, organizado y alegre que yo conocía se vino abajo de la noche a la mañana sin que tuviera el más mínimo preparo para enfrentar los cambios que vendrían, que fueron muchos. Para mí, la crisis familiar fue totalmente inesperada, pues no tenía edad para comprender los acontecimientos que precedieron el desastre. No ha sido fácil principalmente por convivir con el sufrimiento de mis padres y por no tener ninguna condición de colaborar, salvo con mi propia pasividad. Si pudiera cambiar mi historia, empezaría por borrar aquellos días de aprehensión y angustia familiar. Como no es posible hacerlo, cambié, dentro de mí, la historia – su dimensión y significado – para alterar los efectos, que es lo que interesa al final.
 
Crisis intencionales
 
Muchas veces la crisis es intencional justamente porque transforma positivamente las personas. Este es un abordaje que se adapta a la administración de empresas. Puede parecer paradójico, pero, en las organizaciones, se instalan en muchas situaciones crisis que parecen desnecesarias, pero contienen un fuerte componente estratégico. Los periodos de avance, un equipo triunfador, con excelentes resultados, no parecen tener nada en común con la crisis, pero, muchas veces, son la consecuencia de una. Cuando los resultados deseados no se vislumbran, estancan, empiezan a repetirse y la curva en el gráfico asume la forma de plató, es el momento de instalar una crisis artificial porque los administradores se dan cuenta que hay una crisis natural en el horizonte.
 
La crisis forma parte del proceso natural de evolución, sin ella permanecemos parados
Aunque parezca increíble, en las empresas los líderes son verdaderos creadores de crisis. Tienen el poder, y el deber, de incitar a que las personas abandonen su zona de confort, exigiendo proactividad, creatividad, innovación y mejores resultados. La crisis es una situación en que las personas se sienten incómodas, por ello reaccionan, se hacen más activas, atentas, preocupadas en dar lo mejor de sí. La crisis tiene otra virtud: separar el trigo de la paja. En la crisis, los que no están comprometidos son los primeros a abandonar el barco, lo que es excelente.
 
Crisis naturales
 
Existen también las crisis naturales, que marcan las fases evolutivas de nuestras vidas. Nuestros ciclos son marcados por el paso de los años, por nuevas actividades o por las relaciones humanas. Pasar de la infancia a la adolescencia o de ésta para la vida adulta; salir del colegio e ingresar en la Universidad; cambiar de trabajo; casar y tener hijos, todos son momentos de ruptura, de importantes decisiones, de crisis. Y hay que tener mucha fuerza para soportarlos. Si, por un lado, no hay como escapar de las crisis existenciales, por otro, aprendemos con ellas, maduramos y evolucionamos. En el avance natural de los hechos, una crisis es un momento o una fase difícil, en que hechos, ideas, estatus o situaciones son cuestionados. Crisis son, por lo tanto, naturales.
 
Recuerdo de una lección de la naturaleza. Tuve la oportunidad de visitar, en Belén, el mayor mariposario del mundo (de lo que se enorgullecen los naturales de esta región), en Mangal das Graças. Para entrar, es necesario no tenerle miedo a los insectos, algo que no es difícil porque las mariposas no parecen pertenecer a la misma clase de mosquitos y escarabajos, se asemejan a delicados pájaros o a pinceladas de tinta en el aire.
 
Como cada mariposa vive aproximadamente un mes, es necesario reponerlas constantemente. ¿De dónde vienen? Hay una especie de guardería, un laboratorio que alimenta las fases intermedias de la mariposa, pues vive mucho más tiempo en otras formas que como insecto. Me lo explicó el biólogo responsable: “Del huevo nace la lagarta, que come todo lo que puede. Entonces se convierte en crisálida y permanece dentro del capullo para finalmente hacerse mariposa tras un delicado proceso de transformación”. “¿Crisálida?”, le pregunté. “Es el nombre de la fase de grandes transformaciones. Es cuando la fea lagarta, de hecho, se transforma en la bella mariposa. Recibe este nombre porque es cuando el animal vive una crisis de mutaciones.”
 
Fue necesario que una mariposa y un biólogo me enseñaran el verdadero significado de una crisis. También para entender que la crisis forma parte de un proceso natural de evolución, sin el cual permanecemos parados, presos a una condición, cristalizados en la mediocridad. La crisis nos salva porque nos desafía, motiva, enseña y transforma.
 
¿Qué podemos hacer?
 
El libro Poder sin límites, de Anthony Robbins, que estuvo entre los más leídos en los Estados Unidos, reflexiona de manera inquietante sobre nuestras reacciones ante las crisis. El autor se pregunta: “¿Qué misterio existe en la diferencia entre la persona que aprovecha la oportunidad de estar viviendo una crisis para transformarse en algo mejor y otra que se deja arruinar por ella?” No es una respuesta fácil y preocupa a padres, psicólogos y profesores.
 
No hay respuestas definitivas, sino algunas pistas. La primera, ofrecida por la biología, nos explica que las emociones, los sentimientos y los movimientos son el resultado de sustancias químicas llamadas neurotransmisores con el poder de provocar reacciones de un tipo u otro. Como no existen dos personas iguales en relación a su combinación de neurotransmisores, tampoco existen reacciones idénticas para situaciones de riesgo, dificultad y miedo. Dos hermanos gemelos pueden presentar, en una situación inesperada, conductas opuestas. Tuve la posibilidad de comprobarlo cuando participé de la operación de ayuda a las familias atingidas por la riada de 1983 en Santa Catarina. Al mismo tiempo que alguien se desesperaba y lloraba, otra persona, de la misma familia, mantenía la calma, buscaba soluciones y, principalmente, hacía algo.
 
La segunda explicación es dada por la psicología, que busca entender la relación de causa y efecto. Cuando una gran pérdida – la separación de los padres, por poner algún ejemplo – no recibe el trato merecido y no es convenientemente elaborada, podrá transformarse en un trauma. Traumas son minas terrestres en la senda de la vida y podemos pisarlas a cualquier momento. Por ello, los niños deben aprender a convivir con algunas frustraciones, pues si todos sus deseos son atendidos, tendrán una gran dificultad para enfrentar futuras frustraciones, inevitables en una vida normal.
 
La tercera posibilidad de comprensión es ofrecida por la pedagogía, que nos da una pista espectacular: podemos aprender a manejar la crisis. Y también podemos enseñar a los demás, pues hay una lógica entre el surgimiento y la solución de la crisis. Para aprender a manejar las crisis, es necesario que nos demos cuenta de que nada en la vida es definitivo y el tiempo será el recurso más útil para tranquilizar el espíritu, borrar las ofensas y limpiar el archivo del sufrimiento.
 
Dejar que la razón predomine es algo igualmente importante, pues, de este modo, podremos entender el escenario, compreender por qué se ha instalado la crisis y elaborar posibles salidas. Y así, partir para la acción, sin paralizarnos por el miedo, por la indignación o pasmados ante lo inesperado.