El cronómetro de Taylor

Taylor circulaba por la fábrica llevando un indefectible cronómetro. Cuando le preguntaban qué hacía, contestaba: “Mido el grado de eficiencia”. El cronómetro de Frederick Taylor (ingeniero estadounidense, que vivió entre los años 1856 y 1915, considerado el padre de la administración científica) no medía exclusivamente el tiempo, también calculaba la relación entre trabajo realizado y volumen de recursos utilizados, entre ellos, el tiempo, el más escaso de los recursos.
 
El inicio del siglo XX fue un periodo de acontecimientos espectaculares. Fue la era de la introducción de los automóviles, del teléfono, del surgimiento de una nueva física que dividió el átomo, de la aceptación del inconsciente humano. El mundo ya no es el mismo después de aquellos años. Fue en ese periodo que algunos hombres, Taylor entre ellos, lanzaron las bases para la creación de una nueva ciencia: la administración. En las palabras de Peter Drucker, esa fue la más importante de todas las innovaciones, pues fue la que posibilitó a las demás. Entre sus primeros conceptos, encontramos el de la eficiencia, la capacidad de alcanzar resultados crecientes con ahorro de recursos. Pasa el tiempo y la idea de eficiencia se fortalece.
 
La sostenibilidad, por ejemplo, es derivada de ella. Necesitamos seguir produciendo, pero sin desgastar el planeta. Y, sobre todo, necesitamos acertar nuestro ritmo personal con el ritmo del mundo, pues parece que éste tiene algún parecido con el conejo de Alicia, que repetía sin parar “Estoy retrasado, estoy retrasado”. El mundo está más rápido e hizo surgir un nuevo tipo de jefe y de cliente, más rápido y menos paciente. En las empresas no sólo necesitamos hacer más con menos, sino más rápido.
 
El cronómetro de Taylor sigue funcionando, pero algo cambió. Ya no mide la velocidad de la tarea, sino el uso racional del tiempo. Lo que interesa, de hecho, no es cuánto tiempo llevaste, sino cómo lo utilizaste. Observa si organizaste, respetaste la agenda y anticipaste las urgencias. Quien se da cuenta de ello tiene una ventaja sobre los demás: usa el tiempo a su favor y al final del día puede ir al gimnasio, al club o al cine sin culpa.