El momento adecuado para tener hijos

¿Cuál es el momento más adecuado para tener hijos? ¿Qué se debe llevar en cuenta para decidirlo con responsabilidad?
 
Ésta es una de las grandes cuestiones de las postmodernidad. Hoy día, vivimos más y mejor. La ciencia, la información y el conocimiento están a nuestro favor. La libertad existe en la mayor parte del mundo. En cambio, todo ello nos induce a hacer algo que nos angustia porque no estábamos preparados para hacerlo: elegir. Tener hijos, por ejemplo, antes era predestinación; hoy, elección.
 
Natalia y Eduardo son una típica pareja de la actualidad. Guapos, cultos, profesionales, se llevan bien, tienen muchas amistades, practican deporte, viajan a menudo, viven en un precioso departamento, lleno de confort, arte y tecnología. Tienen su propio negocio, trabajan juntos porque sus competencias son complementarias y son admirados por lo que hacen. No se podría decir que les falta algo. Pero les falta. No tienen hijos.
Mientras estaban construyendo la vida que tienen hoy, tener hijos no entraba en discusión, pero el tema ha ganado relevancia ahora que tienen una vida más estable. Como no sabían cómo administrarlo, hicieron lo que hacen muchas parejas postmodernas: buscaron ayuda en la terapia. El terapeuta les ayudó a considerar todas las variables, lo que ganarían y lo que perderían, pero – está claro – no les dijo qué hacer.
 
Natalia cumplió 35 años y sabe que, desde el punto de vista biológico, está  casi en la edad límite para ser madre. La naturaleza es cruel. El hombre puede tener hijos incluso después de los 70 y a las mujeres, les es dada la mitad de este tiempo. La naturaleza tiene sus motivos que ya no convencen a los postmodernos acostumbrados a mantenerla bajo control. Para complicar, Eduardo, pese a su apariencia, es mayor, ya tiene hijos de su relación anterior. Podemos decir que está realizado en esta área, pero, como ama a Natalia, considera tener un hijo con ella, incluso para dar continuidad a su amor. Ambos tienen conciencia de que sus vidas sufrirán un gran cambio, pero ha llegado la hora de la decisión.
¿Cómo decidir con propiedad si éste es el mejor momento?
 
La decisión de tener un hijo obedece a los principios clásicos de la toma de decisión. Cuanto más grande el número de variables consideradas, la posibilidad de acierto aumenta. Hay tres cosas que deben ser consideradas en este caso: edad reproductiva, estabilidad de la relación yequilibrio profesional y financiero. Resumidamente, los tres elementos que constituyen nuestro ser participan de esta decisión: la biología, la emoción y la razón.
Cuanto a la biología, sabemos que la mujer tiene una edad reproductiva ideal – entre los 18 y 35 años – con alguna variación. Antes o después de esto, los casos de infertilidad y disturbios genéticos aumentan. Aunque se registren innúmeros casos de mujeres que fueron madres pasados los 40 y que tuvieron un embarazo tranquilo e hijos saludables, los expertos recomiendan que tengan hijos antes, para que la estadística esté a su favor.
En lo emocional, es necesario decir algo muy duro: el mayor equívoco que una pareja puede cometer es considerar que un hijo trae la felicidad. Lo cierto es traer un hijo para compartir la felicidad que ya existe. Incluso, es muy cruel y egoísta atribuir esta responsabilidad al niño.
 
Estoy de acuerdo que un hijo nos da la sensación de plenitud, de continuidad, de inmortalidad. Pero es necesario que encuentre un mundo preparado para recibirlo y lo suficientemente estructurado para que pueda crecer de modo saludable. Para ello, una estructura emocional equilibrada es necesaria. Lo mejor que un padre puede hacer por su hijo es amar a su madre. Créeme, el mejor sustrato para la construcción de una personalidad estructurada es crecer en un ambiente con amor, en el que la paz forma parte de la familia, con padres que se hablan y son afectuosos entre sí, donde el beso es democrático y la preocupación entre todos, genuina.
 
Cuanto a la lógica, ésta se refiere al lado práctico de la vida. Un hijo acarrea gastos, exige espacio, tiempo y atención. Hay muchos estudios sobre la cuestión financiera, quizá porque sea la más relevante. Uno de ellos demuestra que cuanto más ganan los padres, más gastan y que la inversión en un hijo hasta que ingrese en la universidad puede llegar a 1,5 millones de reales. Sería irresponsable no pensar en el aspecto financiero, pues tu hijo necesita frecuentar lugares que le auxilien en su desarrollo: estudiar idiomas, viajar, practicar deportes, tener salud, acceder a libros, comprar ropas. Es una lista que no tiene fin.
El planeamiento familiar puede parecer diferente de las demás proyecciones porque tiene un fuerte componente emocional. Es cierto, está el amor, pero sigue siendo un planeamiento.
 
Pese al trabajo y a los gastos, un hijo es motivo de felicidad para la pareja
Sin duda es la mayor felicidad que se puede experimentar, pero estamos ante dos cuestiones bastante diferentes: la maternidad y la toma de decisiones. Son dos temas que pertenecen, en parte, a diferentes áreas de la mente humana. La maternidad es fuerza propia de la condición femenina y a ella concurren el instinto y la emoción con la misma intensidad. Es el instinto de perpetuación, con el cual no se discute. Y es la emoción de ser madre, de amar de la manera más intensa, de sentirse amada, de ver en los ojitos del hijo el verdadero sentido de la vida. La maternidad está entre las maravillas de la existencia y se trata de una experiencia que no puede ser explicada, puede ser vivida.
Edad reproductiva, estabilidad de la relación y equilibrio financiero influyen en la decisión de tener hijos
 
Como padre un poco madre que fui, puedo asegurar que experimentar la sensación de crear, de sentir el sabor de la continuidad, de participar a través de un acto extremadamente amoroso, del enriquecimiento de este mundo, vale la pena. La emoción es inmensa, indiscutiblemente. Tener un hijo, verlo crecer, sonreír, aprender, equivocarse, dar los primeros pasos en dirección al control de su propia vida. Yo viví todo eso y puedo decir que mis hijos me hicieron en una persona mejor. Me enseñaron más de lo que aprendieron de mí. Dieron significado a mi trabajo, a los cuidados con mi salud e incluso al amor que sentía por la madre de ellos. Sí, tener un hijo es maravilloso, pero… existe la decisión y ésta pertenece al círculo de la lógica, aunque forme parte de sus funciones consultar las emociones, sin las cuales las decisiones serían frías y estériles. Decidimos a todo momento, prácticamente en todas las actividades y es posible que sea esta obligación diaria que esconda la gran causa de la ansiedad humana. La elección presupone varias renuncias, lo que nos lleva a creer que nos devuelve menos de lo que perdimos y se crea un malestar interior llamado ansiedad.
 
Empezamos el día eligiendo y seguimos haciéndolo durante toda la vida. Decisiones, decisiones. Ansiedad constante. Piensa: si decidir qué zapato comprar ya nos causa una revolada de mariposas en el estómago, imagínate la cantidad de mariposas que decidir si es el momento de tener un hijo hace revoletear. Se trata de una decisión que cambiará tu vida, no lo dudes. Aquel pequeño ser asume el comando de todo lo que está a su alrededor. Los horarios de la casa, la estructura de la habitación, los muebles del salón, todo pasa a girar alrededor de las necesidades y deseos del pequeño.
 
Él también cumple con su parte. Cuando decide jugar a las 4 de la mañana, te hace levantar de la cama con malhumor, que desaparece enseguida al ver su primera risa. Él lo tiene todo bajo su control. Sus armas son la alegría, la risa, los pequeños movimientos, la descubierta de sus manitas, el aprieto que da en tu pulgar demostrando dependencia y confianza.
 
¿El deseo de tener hijos no basta? ¿Qué más es necesario?
 
Es maravilloso tener un hijo, y mejor será si agrega valor a nuestra vida. La cuestión es que él también nos quita algo, pues es un insaciable solicitante de atención, cuidados, tiempo, dinero. Hay un precio a pagar y debemos estar preparados para él. Si no es así, la maravilla de la maternidad, o de la paternidad, pierde puntos para la aridez de la vida práctica. Dos publicaciones recientes me aclararon mucho sobre el tema.
 
La psicóloga Vera Maluf, que orienta parejas que enfrentan algún tipo de dificultad en esta área, publicó recientemente el libro Fertilidade & Maternidade – O desejo de um filho (Atheneu). En él, trata principalmente de las posibilidades de reproducción asistida y sus consecuencias psicológicas. En el capítulo intitulado “O desejo em nossas vidas”, dice que el deseo de tener un hijo no lo es todo, necesitamos tener voluntad. Explica: “El deseo es dado por la psique, libido, biología – es un hecho natural. La voluntad es construida por la conciencia, disciplina, interacción – es un hecho social. Educación es el arte de construir voluntades”. Una visión cristalina.
 
El psiquiatra Içami Tiba termina de publicar Família de Alta Performance – Conceitos Contemporâneos na Educação (Integrare), dedicado a las cuestiones familiares y educativas. En él, encontré una pequeña frase de agradecimiento escrita por un hijo: “Agradezco a mis padres por la ´predisposición genética´ a ser feliz. Y a Dios por haber sido tan ´mimado´ por Él”. ¡Ojalá todos los hijos se sintieran estimulados a hacer este agradecimiento! Tiene un significado profundo: este hijo fue buen esperado y bien recibido y tuvo todas las oportunidades de la vida. Los padres estaban preparados para recibirlo y él respondió al amor de haber sido concebido con el brillo de existir en plenitud.