La persona y el ejecutivo

La segunda mitad del siglo pasado vivió una gran ola de cambios comportamentales. Los nacidos después de la postguerra son diferentes de sus padres y abuelos. Informados, educados, inconformes, vinieron crear una nueva orden en el mundo.
 
Estas personas, que forman la mayor parte de la humanidad en nuestros días, son trabajadores de empresas, profesionales liberales, académicos, periodistas, inventores, emprendedores. Logran cambiar el orden de las cosas, crean un mundo diferente y, muchas veces, mejor. Pero, a veces, existe un obstáculo: es imposible cambiar el mundo sin cambiar los pensamientos. Y éste es el peligro: sigue existiendo un gran número de organizaciones cuyo “modelo mental” ha nacido y permanecido en el siglo XX.
 
Las personas quieren ser libres para pensar y sentir, desean dedicarse a un trabajo que haga sentido, niegan la injusticia, rechazan la intolerancia, claman felicidad. Pero estas mismas personas son los ejecutivos de algunas empresas ultrapasadas, que contratan para ejecutar estrategias de resultado. Con cierta frecuencia, dichas estrategias niegan sus propios valores, porque privilegian el resultado de supervivencia. Definitivamente, la lógica de la vieja empresa y del nuevo hombre están en descompás histórico – salvo honradas excepciones. Y es de esta dicotomía que nace la “esquizofrenia ejecutiva” que invade muchas reuniones.
 
El mundo fue igualado por la información, se hizo más pequeño y acelerado por la nueva economía, que exige una cabeza global, aunque se opere localmente. Para vivir en este mundo necesitamos una nueva mirada.
 
Ser un ejecutivo global es más que tener experiencia internacional. El ejecutivo global entiende el lugar de su comunidad en el mundo, sabe qué ocurre en otras comunidades y conoce la relación entre causas y efectos. Sobre todo, el ejecutivo global es quien no ha dejado de ser una persona, que no transgrede los valores humanos fundamentales y que se actualiza permanentemente. Entrega más resultado con menos esfuerzo, pues piensa estratégicamente y se utiliza de recursos éticos. Si estos no están disponibles, tiene competencia y valor para crearlos.
 
Traducción: Nylcea Pedra ([email protected])