Líderes miopes

En 1982, el navío de investigación ruso, Vitiaz, entró en el conocido Triángulo de las Bermudas, un espacio marítimo formado por líneas que unen tres puntos: las Islas Bermudas, la Península de Florida, donde está Miami, y el Archipiélago de las Antillas. El Vitiaz felizmente escapó del destino que tuvieron más de 600 embarcaciones que desaparecieron en un periodo de diez años en la región, constituyendo uno de los mayores misterios del mundo.
 
Puede parecer exagerado, pero es cierto que algunas empresas también tienen sus “triángulos de la muerte” particulares. Conocí a algunas de ellas. Me acuerdo de una chica que trabajaba en una empresa como éstas, que me relató con precisión los puntos que formaban dicho triángulo: “La empresa no tiene valores claros, mi jefe es despótico y sin preparo. Paso días elaborando informes y sé que nadie va a leerlos”. Cultura frágil, liderazgo incompetente y trabajo sin sentido – éste es el triángulo mortal, capaz de sepultar la motivación de cualquier colaborador.
 
Cuando le pregunté por qué seguía trabajando en aquella empresa, me contestó: “Es una cuestión de tiempo. Estoy enviando mi currículum a otras empresas”. Es decir, en una empresa con este estilo, los colaboradores siempre están de paso. No ven el momento de cruzar este mar peligroso e indeseado.
 
En empresas que sufren miopía de gestión de personas es común que los funcionarios relaten falta de orientación, ambiente de presión y mareo. Al contrario de aquel espacio en el Océano Atlántico, que posiblemente no pasa de una leyenda, empresas de este tipo existen, y no son pocas. La mayoría tiene una vida corta, pero muchas se mantienen porque ocupan espacio en un mercado poco exigente o porque venden productos o servicios commoditizados, que sólo compiten por el precio.
 
Empresas con “triángulos de las Bermudas” en su interior tienen los días contados. O serán adelantadas por la competencia de gestión moderna e inteligente o tendrán muerte lenta, agonizando con los dolores de la incompetencia de sus líderes, las náuseas de la falta de identidad corporativa y el vacío interior en el alma de sus funcionarios.