Manejando el dinero

¿Es posible manejar el dinero de modo que no se transforme en un objetivo en sí mismo y tampoco sea considerado algo de menor importancia?
 
Eso es lo que los estadounidenses llaman financial literacy, algo como “alfabetización financiera” o desarrollo de una competencia personal que permita a la persona manejar bien el dinero, sin supervalorarlo ni menospreciarlo. Deberíamos enseñar a los niños desde muy pequeños la importancia del “vil metal” – que de vil nada tiene – en nuestras vidas.
 
Otra interesante expresión estadounidense es to make money, o “hacer dinero”, en contraposición a “ganar dinero”, como decimos. Al fin y al cabo, salvo los herederos y los ganadores del gordo, todos nosotros hacemos nuestro dinero utilizando como materia el esfuerzo y el trabajo – no ganamos nada.
 
Ésta es una lección esencial para todos, pues el trabajo es el único camino para producir las piedras de sal que necesitamos para comprar todo lo que atiende a nuestras necesidades y deseos. Quienes piensen de manera distinta, sean personas o empresas gananciosas, que deciden facturar a partir de operaciones financieras y que terminan alejándose de su verdadera razón de ser, serán penalizados. La última crisis financiera mundial, que se esparció por el planeta como plaga de langostas, sirve para comprobar esta tesis.
 
El dinero no lo es todo, el ser humano es capaz de producir mucho más que dólares, valores contables y cartas de crédito. De lo humano nació la arquitectura, la música, la poesía, la medicina. La cuestión es que el hombre necesita de números para alcanzar sus mayores objetivos y en este camino se pierde, confundiendo fines y medios.
 
Lo que necesitamos es aprender las dimensiones de nuestra conducta en las que el dinero está presente. La primera dimensión es saber ganar – y eso depende del preparo y del trabajo. La segunda es saber gastar – y aquí entra la lógica, tan sencilla como despreciada, de no gastarse más de lo que se gana. Esas dos dimensiones son fundamentales, pero hay otras dos, complementarias: la dimensión del ahorrar, pues no sabemos qué sorpresas nos reserva el futuro, y la dimensión de invertir, que significa aplicar lo excedente en algo que hace el dinero crecer con el tiempo.
 
El psicólogo estadunidense Frederick Herzberg explicó para las empresas el valor del dinero para motivar a los funcionarios. Dijo que los sueldos se encajan en la categoría de los factores motivacionales que denomina “higiénicos”, porque son notados únicamente cuando faltan. “Si la remuneración es justa, no motiva, pero, si no lo es, desmotiva a las personas”, dijo Herzberg.
 
La visión del experto ilumina la importancia que el dinero tiene en nuestras vidas. No tiene el poder de garantizarnos la felicidad, pero cuando falta, es muy probable que conozcamos la tristeza. No hay como no concordar que dinero no lo es todo en la vida, tampoco es inteligente imaginar que no lo es nada.
 
Como cautela y consomé nunca han hecho daño a nadie, más vale prevenirse pues en esta relación gente-dinero, a la cual también perteneces tú, es necesario definir quién manda en quién.