Planes para 2010

En una reciente convención de fin de año, presencié una escena casi surrealista. El ejecutivo empezó su discurso para los colaboradores con el siguiente mensaje: “Según nuestras previsiones, terminamos el año en pérdidas”. Y se siguieron las explicaciones de costumbre: la crisis, la retracción del mercado, entre otras. Los participantes movían la cabeza, concordando con las justificativas del jefe. En esta misma semana, en el encuentro de otra empresa, asistí a un espectáculo con guión inverso. El presidente dijo algo como: “Según las previsiones que hemos hecho, terminamos un año difícil, con resultados excelentes”.
 
Enseguida, discurrió sobre las medidas que habían sido adoptadas. Enseñó un gráfico con el crecimiento del market share y, como buen líder, atribuyó el éxito a todo el grupo, que lo celebró con entusiasmo. Pese a la oposición en el contenido comunicado, los dos discursos tienen algo en común: ambos empiezan con la confirmación de una previsión.
 
Lo difícil es saber hasta qué punto los resultados – malos en una empresa y buenos en otra – confirman las previsiones o fueron influenciados por ellas. Previsiones pueden y deben ser hechas. Ejecutivos con buen preparo consiguen imaginar el futuro, teniendo en mente los acontecimientos pasados. A esta práctica se llama, en inglés, forecast. Los más expertos también se valen de sus impresiones personales para aventar resultados futuros. A estas intuiciones de los más vividos llamamos foresight – previsiones basadas en sentimientos.
 
Algún sabio dijo que la mejor manera de predecir el futuro es construirlo y no hay, en esta propuesta, nada de optimismo o autoayuda barata. El sociólogo estadounidense Robert Merton, Ph.D. por Harvard, que dedicó su vida al estudio del comportamiento organizacional, observando situaciones como las descritas al principio, llegó a la misma conclusión. Es él el autor de la expresión “profecía autorrealizable”, utilizada para explicar la influencia de la visión del futuro sobre los acontecimientos que este mismo futuro traerá. Por lo tanto, ser realista sin dejar de ser positivo es el mejor consejo. ¡Practica-lo!