Simplicidad

Resulta incluso gracioso. Hace más de siete años que escribo mensualmente para la revista VIDA SIMPLESy ésta es la primera ver que trato la simplicidad como protagonista de mi artículo. Ya escribí cómo simplificar la vida en el trabajo, cómo construir relaciones sin complicaciones, cómo ser sencillo en la comunicación. En todos estos casos, el tema central era otro – el trabajo, las relaciones, el diálogo – la simplicidad, aparecía como adjetivo, ocupando el papel de coadyuvante de lujo, como el consagrado actor que hace una participación en una película.
 
Este artículo es diferente, la simplicidad asume el papel de protagonista; es el centro, y todos los hechos de la vida pasan a gravitar a su alrededor, como los electrones de un átomo. Aparece, entonces, el primer dilema existencial del texto: ¿es posible que la simplicidad ocupe el puesto de término central de la oración, de núcleo del sujeto, que puede recibir complementos, pero que ya existe por sí mismo? Defiendo que sí, que la simplicidad puede recibir el estatuto de filosofía y, especialmente en este mundo tan complicado, puede guiarnos para el estilo de vida que deseamos cada vez que sentimos el peso de la complejidad apretando nuestro pecho como las manos de un gigante implacable.
 
Felizmente existe la idea de simplicidad y ésta es sencilla desde su origen. La palabra está formada por otras dos, de origen latino: sin, que significa único y plex, que quiere decir pliega. Ser simple significa tener una única pliega, lo contrario de complejo, que es tener muchas. Imagina una hoja de papel donde está escrito un mensaje. Quien lo escribió, dobló la hoja una única vez y te la entregó. Tú, con un único movimiento, pudiste abrirla y leer lo que estaba escrito. ¡Sencillo!
 
Ahora imagina la misma hoja doblada varias veces, como un origami (pero sin la belleza del arte japonés), muchos dobleces que revelan la preocupación del autor en esconder el contenido del mensaje. En este caso, necesitarás deshacer las dobladuras, una a una, hasta que puedas abrir la hoja, que deberá ser alisada antes de que consigas, finalmente, leer su contenido. Así es la vida en todas sus dimensiones: con una única o muchos dobleces.
 
Simplificar significa facilitar el acceso a lo que interesa, al contenido de los hechos de la vida, de las cosas que utilizamos y de los mensajes que queremos trasmitir. Eso lo explica todo. Por cierto, la palabra explicar significa “eliminar los dobleces”, alisar la hoja donde están nuestras ideas. Explica quien quiere simplificar. El que no lo quiere, complica.
 
¿Simplificar significa evitar la complejidad y crear una vida sin misterios? Existe una diferencia fundamental entre ser sencillo y ser simplón. Las personas sencillas a la complejidad la resuelven Las personas sencillas, resuelven lo que les parece complicado; las simplonas, lo evitan. Conozco personas sofisticadas, intelectualizadas, que llevan una vida plena, realizan trabajos difíciles, aprecian lecturas profundas, tienen hábitos peculiares y siguen siendo personas sencillas. También conozco personas simplonas, con poca profundidad, que realizan trabajos repetitivos, que tienen pocas ambiciones, que aprecian rutinas, evitan llevar una vida de aventuras y, así mismo, son complicadas, para ellas todo es difícil, casi imposible.
 
Ser sencillo no significa evitar lo complejo, abandonar la sofisticación, negar la profundidad, satisfacerse con lo trivial. Ser sencillo significa ver con ojos tranquilos la esfinge de la complejidad y descifrarla antes de correr el riesgo de ser devorado por ella.
 
Simplificar significa facilitar el acceso a lo que interesa y a los mensajes que queremos trasmitir
 
Hace unos días vi un video sobre la vida de Picasso. El pintor aparece dibujando la paloma que sería adoptada como el símbolo de la paz en el Congreso de la Paz de París. Es increíble cómo hace aquel dibujo tan simbólico de forma tan sencilla. Un leve trazado y allí estaba la paloma y su ramo de olivo. Sencilla como la paz.
 
El artista nos demuestra la sencillez con su genialidad, desarrollada tras largas horas de estudio y dedicación. Antes de ser sencillo, Picasso fue complejo, estudió anatomía humana, desvendó la obra de Cézanne, deformó caras, creó el cubismo, se profundizó en el arte africano, es decir, llevó mucho para conseguir hacer las cosas más sencillamente. Fue él quien dijo “se lleva mucho tiempo para ser joven”, atribuyendo a la levedad de la juventud, la madurez de ser sencillo.
 
¿Es una paradoja construir una vida sencilla en una sociedad moderna cada vez más exigente? Hiroshi creó la Ecovila Clareando, una comunidad autosostenible en el interior de São Paulo que atrae gente comprometida con la naturaleza y sus valores, como la sostenibilidad. Viven sin la ingenuidad de las “sociedades alternativas” de antiguamente, pero teniendo por filosofía la simplicidad. Hiroshi planta y produce prácticamente todo lo que necesita para alimentarse, domina las técnicas de construcción ecológica y de producción de energía limpia. No vive aislado, viaja, participa de congresos, da conferencias, toca la guitarra, compone canciones. Es alegre en periodo integral.
 
Goldberg es profesor de la New York University. Allí, realiza investigaciones sobre el cerebro humano y habla de su funcionamiento de manera comprensible. Escribió algunos libros, entre ellos La paradoja de la sabiduría donde afirma que, pese al envejecimiento del cerebro, la mente puede mantenerse joven. Sus textos son un excelente ejemplo de cómo se puede simplificar lo complejo: habla de neurofisiología y todos le entienden.
 
Goldberg también es sencillo en su vida personal. Vive a una cuadra del Central Park y su consultorio está al otro lado de la calle. Tiene un mastín napolitano llamado Brit que le acompaña a todos los sitios. Como ruso, le encanta comer caviar, que compra a un precio módico en el importador, que es su conterráneo. El científico es una isla de simplicidad en un mar de complejidad.
 
No podría imaginar dos vidas tan diferentes y tan parecidas a la vez. La diferencia se registra en el ambiente en que viven y lo semejante, en sus conductas ante la vida. Los dos tienen la levedad propia de las que decidieron no complicar, sin por ello, abandonar sus deseos, proyectos, objetos, pequeños caprichos, es decir, la vida. Personas como éstas, que eligen la simplicidad, tienen algunos rasgos en común. Presento cinco de ellos:
 
– Son desapegadas: no acumulan cosas, usan racionalmente lo que tienen, donan lo que ya no van a utilizar;
 
– Son asertivas: van al grano con naturalidad, aunque sea para dar un no como respuesta, sin miedo de decepcionar; no inventan excusas y tampoco dificultan lo que dicen;
 
– Ven belleza en todo: en una flor en el campo y en un cuadro de Renoir; en una canción tocada en una guitarra y en una sinfonía de Mahler; en una magdalena y en la alta gastronomía;
 
– Tienen buen humor: se ríen de sí mismas e incluso ante las dificultades, hacen comentarios graciosos, reduciendo los problemas a lo trivial;
 
– Son honestas: consideran la verdad lo más importante, aunque a veces pueda ser dura, es la manera más segura de relacionarse con el mundo.
 
Ser sencillo, definitivamente, no es abdicar de nada. Es posible apreciar el confort, la sofisticación intelectual, las artes, el placer de la culinaria, la aventura de los viajes y seguir siendo una persona sencilla.
 
Ser sencillo no es contentarse con lo mínimo para mantenerse vivo, pues no somos sólo un cuerpo, sino también imaginación, intelecto, sensibilidad y alma. Y esta última, es sencilla, pero no pequeña, salvo que uno quiera que lo sea. Si éste es el caso, ya no hay nada que hacer.
 
Traducción: Nylcea Pedra ([email protected])